¿Amor o enamoramiento: cuando se acaba la chispa qué viene?

Amar no es lo mismo que estar enamorado.

 

Cuando comienzas una relación de pareja todo es fantástico y maravilloso. Te encuentras sorprendentemente bien, sientes una gran proximidad y entendimiento con la otra persona, te sientes feliz a su lado. Todo ajusta y encaja perfectamente.

 

¿Por qué ocurre esto?

 

 

 

Cuando una persona comienza a enamorarse de otra, tiende a dimensionar las cualidades del otro de forma idealizada.

 

En el enamoramiento se observa de forma mayoritaria lo positivo, lo que nos gusta, obviando e incluso no percibiendo aspectos menos positivos del otro. 

 

 

En este estado, nuestro foco de atención se centra en aquello que nos agrada y nos cuesta ver a la persona de forma global, con sus defectos y sus virtudes, tal y como es.

 

Todo ello se traduce en un estado de euforia en que el enamorado busca casi de forma obsesiva estar todo el tiempo posible conectado a la otra persona

 

Es necesario tiempo, vivencias y espacios para poder valorar de forma más completa e integral a la persona que estamos conociendo. Por el contrario, cuando se produce el desenamoramiento nuestro foco de atención cambia y en lugar de centrarse en la parte positiva, se centra en la negativa, en todo aquello que nos disgusta y nos desagrada. Lo que en estado de enamoramiento nos parecía gracioso, en fase de desamor nos parece descortés y maleducado o lo que percibíamos como confianza en uno mismo en estado de enamoramiento, se convierte en dominio y control en fase de desamor.

 

Cuando amamos de forma sana, sólida y robusta a otra persona, aceptamos la parte que no nos gusta del otro y no intentamos cambiarla.

 

Es un amor maduro, en el que conoces muy bien a la persona que está a tu lado y la aceptas sin pretender cambiarla. Esta fase se caracteriza por la calma y la madurez. Predominan las sensaciones de seguridad, adaptación y pertenencia.

 

Amar sanamente implica aceptación, y no se exige que el otro cambie y se muestre como yo necesito que sea. A diferencia del enamoramiento conoces lo que no te gusta del otro y eres capaz de vivir con ello sin malestar. En el enamoramiento no es que no aceptes la parte que no te gusta del otro, sencillamente no la percibes.

 

 

 

Cuando estamos enamorados, existe una explosión neuroquímica en nuestro cerebro que nos conduce al bienestar, al placer y la satisfacción…

pero ojo, al mismo tiempo esta situación nos provoca una inhibición del funcionamiento de la corteza cerebral, la encargada de procesar la información, de razonar, de meditar, reflexionar y poder valorar de forma global a la persona de la que nos estamos enamorando.

 

Ni intuimos, ni percibimos ni observamos defectos ni malas intenciones en el otro ya que nuestro sistema de recompensa está inhibiendo y mitigando las estructuras cerebrales encargadas del procesamiento de la información, nuestra corteza cerebral.

 

 

En estado de enamoramiento los centros de recompensa del cerebro se inundan de dopamina, causando un efecto muy similar al de una droga altamente adictiva. Y todo ello se produce por las sustancias neuroquímicas que intervienen en nuestro cerebro, principalmente la dopamina, la noradrenalina y la serotonina.

 

En resumen:

 

El amor comienza contigo!

 

Todo comienza con quererse uno mismo. Es muy difícil amar a alguien de forma sana y robusta si antes no existe amor hacia uno mismo. Es sumamente complicado brindar a terceras personas algo que no se tiene.

 

Si no eres capaz de sentir amor por ti, será muy complicado que puedas sostener una relación de pareja sana y positiva. No intentes buscar en el otro la parte que te falta a ti. Aprender a quererse y respetarse es el primer paso para mantener una relación de pareja madura y robusta.

 

 

Ya desde que somos muy pequeños, los padres y el entorno comienzan a trabajar con los niños hábitos relacionados con el aseo y el cuidado personal: aprender a estar limpios, a bañarse, a limpiarse los dientes, las manos, a cortarse las uñas… ¿pero quien se ocupa de ensenar cómo cuidarse y amarse a uno mismo? ¿Somos conscientes de la importancia de fomentar en los niños un amor profundo hacia sí mismos?

 

Poseer una robusta y sana autoestima, es decir, quererse intensamente potencia la vivencia de emociones y sentimientos positivos, mejora de forma considerable las relaciones con los demás y potencia un vínculo equilibrado con la pareja.

 

Cuando te quieres a ti mismo, eres mucho más resistente al sufrimiento, al malestar psicológico y a situaciones de estrés.

 

¿Os encontráis en una situación en la estáis perdidos, atascados y sin saber qué hacer ni que decisión tomar, con malestar y sufrimiento?

 

 

Si necesitáis asesoramiento y orientación psicológica, estaré encantado de acompañaros en vuestro proceso de cambio y transformación personal.

 

La crisis que estáis atravesando en estos momentos puede ser vuestra gran oportunidad para generar desarrollo y fortaleza psicológica.

 

El cambio SI es posible, da el primer paso y ponte en contacto conmigo! ¡Sí quieres, puedes!

 

Francisco Javier Zamora


 

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